# Viajo y Escribo > Un sitio de relatos y reflexiones del camino ## Posts - [Empachado de escapismo](https://viajoyescribo.com/2016/10/01/empachado-de-escapismo-regreso-a-argentina/): Volví a Argentina y no volví mejor: volví más agrandado, más oscuro, más perdido. Trabajé de mozo y en un kiosco, salí mucho, me peleé con mis vicios y con mi propia soberbia de mochilero iluminado. Sentía que el mundo seguía igual y que el que no encajaba era yo. Para explicarlo, rescato un posteo de Facebook escrito en plena resaca: un día miserable, una cabeza rota y una verdad simple que no quería mirar. - [Pasaportes, pastillas y pasajes](https://viajoyescribo.com/2016/07/16/pasaportes-pastillas-y-pasajes/): En la terminal de Santiago vi cómo a un yanqui casi sin español le cobraban más del triple por un pasaje a Mendoza. Me metí, lo frené y ahí empezó una amistad de unas horas: cerveza Escudo, una pastilla rosa, nieve en Los Libertadores y una frontera helada donde improvisé una historia para que nos dejaran pasar. En Mendoza, antes de perderse en la oscuridad, me dejó un fajo de billetes y una frase que todavía me pesa. - [Hacia el Sur](https://viajoyescribo.com/2016/06/01/hacia-el-sur/): Volé de Medellín a Santiago para ahorrar dinero y terminé ganando algo mejor: un hogar del otro lado de la cordillera. Llegué con prejuicios, dormí en el aeropuerto, me confundí el palacio con el metro y caí en la casa de Mario, un chileno al que apenas conocía. Me iba a quedar dos noches. Me quedé trece. Y ahí entendí que la amistad también puede ser patria. - [Del éxtasis a la agonía](https://viajoyescribo.com/2016/05/01/los-paises-hermanos/): Mi vida en Medellín transcurrió con cierta estabilidad durante algunos meses, si es que se le puede llamar estabilidad a ser mozo, convivir con los vicios y enamorarse siempre de quien no corresponde. - [Amor salvaje](https://viajoyescribo.com/2015/12/31/amor-salvaje/): Pulí copas, abrí mesas, serví parrilladas y escuché al Chaqueño hasta odiarlo y volver a quererlo. Al final entendí: lo único que te llevás es la gente. - [El mesero al que se le caían las cosas](https://viajoyescribo.com/2015/12/30/el-mesero-al-que-se-le-caian-las-cosas/): En Malevo yo era el mesero torpe: botellas, copas, un bife en un cliente y un récord absurdo: 28 platos rotos. Humor, vergüenza y oficio. - [Problemas en la cocina](https://viajoyescribo.com/2015/12/15/problemas-en-la-cocina/): En Malevo aguanté dos horas para ir al baño y un cocinero me apuró a los gritos. Salí con sangre en el ojo y casi terminamos a las piñas. - [Tres días sin cama](https://viajoyescribo.com/2015/12/02/tres-dias-sin-cama-belice/): Tres días sin cama en Belice, un vuelo barato con whisky y el regreso a Medellín: Palm Tree, un tal David políglota y el comienzo de Malevo. - [Amor y mosquitos en la parada del colectivo](https://viajoyescribo.com/2015/12/01/amor-mosquitos-parada-belice/): Me cobraron 30 dólares para entrar a Belice. Sin plata, terminé durmiendo en la parada del aeropuerto: WiFi, café, estrellas y amor de extraños. - [Nuestro vasto deseo y nuestra grande miseria](https://viajoyescribo.com/2015/11/30/nuestro-vasto-deseo-y-nuestra-grande-miseria/): Dejo CDMX y voy rumbo a Belice con poca plata: tortas imposibles, nombres graciosos, mar gris y una noche solo en una terminal, con Borges encima. - [El sobrinito del Chapo](https://viajoyescribo.com/2015/11/29/el-sobrinito-del-chapo-cdmx/): Viví casi un mes en CDMX en casa de un amigo con pasado narco: familia, porros, mugre, ternura y amenazas. Y me fui sin hacer ruido. - [En esta parte del mundo](https://viajoyescribo.com/2015/11/08/en-esta-parte-del-mundo/): Una fiesta de 15 en CDMX, pulque, mezcal y una competencia de platos. En el apagón entendí algo: en esta parte del mundo, somos hermanos. - [Llévate a un chilango cuando te vayas](https://viajoyescribo.com/2015/11/05/llevate-un-chilango-cdmx-duelo/): Llegué a CDMX, laburé 20 horas armando una fiesta, y en la pista me quebré: cambié el fondo del celu y sentí culpa. México, mota y duelo. - [El colmo de la opulencia](https://viajoyescribo.com/2015/11/01/opulencia-tacos-dedo-oaxaca/): Crucé a México, hice dedo como un animal y viví el lujo de comer tacos con Coca. Entre mugre y rutas, Oaxaca se me quedó grabada. - [El ángel de la ruta](https://viajoyescribo.com/2015/10/30/el-angel-de-la-ruta/): Un chiste nica me abrió las puertas. Después, Rolando Ángel me subió al camión rumbo a Guatemala: rutas, hamaca bajo el chasis y un ángel real. - [Luna salvadoreña](https://viajoyescribo.com/2015/10/27/luna-salvadorena/): Crucé a El Salvador con nueve dólares. Encontré una iglesia con ‘dormida gratis’, cambié un termo por techo y una señora me dio de comer como a un hijo. Esa noche, detrás de unos barrotes, la luna me devolvió a Ángeles. - [Al encuentro de El Salvador](https://viajoyescribo.com/2015/10/26/al-encuentro-de-el-salvador/): Me dijeron que no fuera. Que era pobre. Que era peligroso. Crucé igual: barba, hambre y nueve dólares. Iba directo al lugar del que todos huían. - [Desde las profundidades clamo por ti](https://viajoyescribo.com/2015/10/25/desde-las-profundidades-clamo-por-ti-senor/): Hablar de San Juan del Sur me obliga a hablar de Josh. - [Monstruo sin correa](https://viajoyescribo.com/2015/10/20/monstruo-con-correa/): Este lugar es sombrío. Espeluznante. Una oscura sombra parece cubrir cada rincón de la ciudad y no puedo evitar sentir que también se oscurece un poco mi alma. - [Las piedras del camino](https://viajoyescribo.com/2015/10/15/las-piedras-del-camino/): En un día torcido, me quisieron cobrar de más en Guápiles, me dejaron afuera de un bus en San José y casi quedé atrapado en la frontera por no tener córdobas. Nicaragua me recibió con la mano en el bolsillo ajeno. - [En el Jardín del Edén](https://viajoyescribo.com/2015/10/10/el-cerro-de-los-dos-oceanos/): Podría describir el paisaje que ofrece San Gerardo Rivas, pero no le haría justicia a semejante obra de la naturaleza. En este lugar me sentí en el paraíso. - [No robarás](https://viajoyescribo.com/2015/09/28/no-robaras/): En Costa Rica cruzamos de la selva a un supermercado, de la calle a una mansión con PlayStation, y de la amistad a una línea roja: robarle al tipo que te dio de comer. Ahí entendí que tenía que seguir solo. - [La puerta que se abrió demasiado tarde](https://viajoyescribo.com/2015/09/25/la-triste-historia-de-bigotes/): Esperamos quince minutos a un costado de la autopista hasta que un colombiano frenó y dio la vuelta para llevarnos. - [Hasta el último Balboa](https://viajoyescribo.com/2015/09/18/panama-y-otro-adios-a-mis-companeros/): Mugriento, con hambre y casi sin un peso, llego a la terminal de Panamá sintiendo que, igual, estoy donde quiero estar. Entre islas desiertas, mochileros sin un mango y rascacielos brillantes, empiezo de verdad a recibirme de mochilero. - [Salve, Iemanjá](https://viajoyescribo.com/2015/09/17/salve-iemanja/): En una isla kuna de Panamá, entre niños que gritan “anaí”, cubanos atrapados en Puerto Obaldía y lanchas que saltan como caballos locos, entendí que mi viaje era un lujo y el de ellos, una huida. Un cubano nos agradeció una bolsa de arroz prometiéndole a Iemanjá que tuviéramos buen viaje. Desde entonces sé que hay cosas que ni la miseria ni las fronteras pueden robar: la sonrisa y la esperanza. - [La frontera de los sueños](https://viajoyescribo.com/2015/09/15/la-frontera-de-los-suenos/): En Puerto Obaldía me revisaron la mochila, la carpa, el alma y hasta el futuro con cien dólares en el bolsillo. Entre soldados, un porro perdido, un venezolano exiliado y unos cubanos resignados, entendí que mi “aventura mochilera” era un lujo y que la verdadera pelea la daban otros, mucho más lejos de casa que yo. - [Jardín de nuestra América del Sur](https://viajoyescribo.com/2015/09/14/jardin-de-nuestra-america-del-sur/): Capurganá fue despedida y frontera: calor infernal, mar perfecto, niños que dicen «embuste» y un «adiós, Colombia» que abre la puerta al viaje sin un peso por Centroamérica, donde de verdad empezó la aventura. - [Carta al cielo](https://viajoyescribo.com/2015/09/13/carta-al-cielo/): Desde Capurganá, entre lagartijas, calor y mar turquesa, le escribí una carta a mi hermana. Viajando es cuando más cerca la siento, y ese día supe que algún día recordaría ese lugar como uno de los más bellos de mi vida. - [Un paraíso ardiente](https://viajoyescribo.com/2015/09/09/un-paraiso-ardiente/): Del infierno del gordo rengo y la trafic a los saltos al paraíso caribeño de Capurganá, con selva, calor insoportable y negociaciones por cada pasaje. En ese momento solo puteaba por el sol: no sabía que, diez años después, me iba a pasar la factura más cara de mi vida. - [Dos días en Hollywood](https://viajoyescribo.com/2015/08/01/dos-dias-en-hollywood/): Un día me llamaron para un “filme internacional” y terminé en una fiesta del cartel, vestido de mafioso de cuarta, compartiendo set con Tom Cruise en las afueras de Medellín. Dos días de rodaje, 40 dólares en el bolsillo y la certeza de que, si podía elegir, lo hubiera hecho gratis. - [El aroma de las flores](https://viajoyescribo.com/2015/07/19/el-aroma-de-las-flores/): Tres coimas, tres gestos de bondad y un desfile de flores que casi hace olvidar a la Policía y a la desconfianza. En Medellín entendí que la belleza y la violencia caminan pegadas, pero a veces gana la primera. - [Celeste](https://viajoyescribo.com/2015/07/18/celeste-gata-loca-medellin/): En Medellín alquilé una pieza barata con una estudiante chocoana y su gata obesa, Celeste. Pensé que el problema iban a ser los porros a las cinco de la mañana, pero la verdadera dueña de la casa era la gata. Entre comida en el piso, maullidos a la madrugada y una carpa armada en el living, terminé entendiendo que yo ahí estaba de más. - [La eterna primavera](https://viajoyescribo.com/2015/07/15/la-eterna-primavera-medellin/): Medellín me regaló mi cumpleaños 24, un robo con cuchillo en el cuello de una amiga, licuados de plátano que hicieron reír a medio hostel y noches de ron con un paisa llamado Felipe. Entendí por qué la llaman “la ciudad de la eterna primavera”. - [Los paisas y los trenes](https://viajoyescribo.com/2015/07/08/viaje-a-medellin/): Viajar de Ipiales a Medellín fue una mezcla rara de felicidad absoluta, paisaje imposible y muerte en la ruta. Entre colombianismos, gritos de “¡Mono!” y mi primer metro, entendí que Antioquia no era solo un lugar: era un genticilio entero. - [El que maneja los hilos](https://viajoyescribo.com/2015/07/05/el-que-maneja-los-hilos/): En una cadena de casualidades imposibles, le pido fuego a un francés en Máncora y termino viajando con él por Ecuador y Colombia. A veces sospecho que alguien más mueve los hilos de este viaje. - [Siempre al acecho](https://viajoyescribo.com/2015/06/30/siempre-esta-dando-vueltas-tambien-en-mancora/): Dejé Lima, hice dedo hasta Máncora y en un día llegué al paraíso de playa y hostel barato. Pero pronto entendí por qué me habían dicho que era peligroso: una pareja de colombianos y un argentino fueron asaltados y al pibe casi lo matan de una puñalada en el pulmón. Desde entonces, supe que el peligro también viaja y que en algunas playas conviene saber muy bien hacia qué lado doblar. - [Un aviso camino a Lima](https://viajoyescribo.com/2015/06/23/un-aviso-camino-a-lima/): En un viaje en micro de 23 horas hacia Lima, una canción a todo volumen a las cuatro de la mañana y un camión a punto de chocarnos me recordaron a mi hermana y me dieron un sacudón. Al llegar al océano Pacífico, entendí que tenía que viajar distinto: menos plata, más estrategia y el comienzo del dedo. - [El precio de llegar a Machu Picchu](https://viajoyescribo.com/2015/06/22/el-precio-de-llegar-a-machu-picchu/): Machu Picchu era el primer gran objetivo que ansiaba conquistar cuando, desde Argentina, soñaba con recorrer el mundo. - [Inti Raymi](https://viajoyescribo.com/2015/06/21/inti-raymi/): Entre el Inti Raymi, los free drinks y las noches en Temple y Mama África, Cusco parecía una fiesta interminable. Pero en medio del boliche un tipo me confesó que era sicario, y a la salida una nena de ocho años vendía paragüitas a las tres de la mañana “para que no le peguen en su casa”. Ese contraste fue el verdadero cachetazo de la ciudad. - [Una ducha, un descuido y una lección](https://viajoyescribo.com/2015/06/16/una-ducha-un-descuido-y-una-leccion/): Cruzando a Perú me cayó la primera multa seria del viaje por un sello olvidado, y en Cusco casi pierdo todo el dinero por dejar el portavalores en el baño. Una empleada honesta me devolvió la plata, el viaje y el sueño. Entre el susto, el Inti Raymi y las noches en el hostel Pariwana, sentí que la aventura podía haberse terminado ahí mismo… y, sin embargo, recién empezaba. - [El lago más alto del mundo](https://viajoyescribo.com/2015/06/13/el-lago-mas-alto-del-mundo/): El Titicaca huele a “pescado mojado” y Copacabana mezcla paisajes impresionantes con botellas de plástico en la orilla y hoteles aymaras llenos de anécdotas. Navegamos hasta la Isla del Sol, caminamos la isla de punta a punta y yo sentí que por fin estaba encontrando lo que buscaba, con el nombre de Ángeles apareciendo en silencio. Dejé Bolivia agradecido: un país duro, inmenso y humilde que me dio más de lo que yo llevaba para ofrecerle. - [De paseo por Sucre](https://viajoyescribo.com/2015/06/09/de-paseo-por-sucre/): Sucre fue un descanso: ciudad blanca, sin altura, buen sueño y un mercado lleno de frutas nuevas con nombres raros como chirimoya, tumbo, carambola y pacay. Salí con una chica de Tinder que me llevó a ver la “primera bandera argentina” y cebras que dirigen el tránsito mejor que los inspectores. Desde ahí empezamos a avanzar, casi sin plan, rumbo a La Paz, el lago Titicaca y la frontera con Perú. - [Las minas de plata](https://viajoyescribo.com/2015/06/08/las-minas-de-plata/): Bajé al Cerro Rico con un grupo de turistas, comprando dinamita en un kiosco como si fueran caramelos y arrastrándome por túneles estrechos, llenos de polvo y miedo. Allí conocí mineros que se juegan la vida por un sueldo mejor y un promedio de vida de apenas 45 años. Salí jurando no volver a entrar nunca más a una mina. - [Amigos del segundo día](https://viajoyescribo.com/2015/06/08/amigos-del-segundo-dia/): Mi segundo día en Potosí empezó con dolor de cabeza por la altura y un desayuno descomunal: café con leche, yogur, jugo, torta, galletas, todo lo que se pudiera comer “porque el desayuno estaba incluido y ser gordo es un estilo de vida”. Salí a buscar un hostel barato, me perdí varias veces y confirmé que mi sentido de la orientación era pésimo. Terminé con dos nuevos amigos, Tim y Philip, un suizo y un alemán que me invitaron a almorzar. Esa tarde visitamos juntos la Casa de la Moneda, con sus máquinas antiguas, salas ennegrecidas por el hollín y un mascarón extraño que parece reírse de los turistas. Más tarde, en la cena del hostel, se sumaron un italiano “españolizado” y dos argentinos, y sin darme cuenta armé el grupo que me acompañaría durante el próximo mes. La cabeza nunca dejó de doler, pero ese día entendí algo: incluso mareado por la altura y perdido en una ciudad nueva, uno puede empezar a encontrar su gente. - [Hay que estar a la altura de la Villa Imperial](https://viajoyescribo.com/2015/06/07/hay-que-estar-a-la-altura-de-la-villa-imperial/): El viaje de Villazón hacia Potosí duraba unas siete horas y en el colectivo solo íbamos tres mujeres bolivianas y yo. - [El novato​ en Villazón](https://viajoyescribo.com/2015/06/07/el-novato-en-villazon/): Primer día solo en Bolivia: cruzo a Villazón con dolor de cabeza por la altura, cometo mi primer error de novato en Migraciones, cambio plata, descubro cómo se gritan los destinos en la terminal y conozco a mis primeros viajeros en el camino. - [Papá, mamá: me voy de viaje](https://viajoyescribo.com/2015/06/07/papa-mama-me-voy-de-viaje/): Meses después de la muerte de mi hermana, decidí emprender un viaje en soledad, sin destino cierto ni fecha de retorno. - [Antes de la partida](https://viajoyescribo.com/2015/06/07/antes-de-la-partida/): Este es el blog que me hubiera gustado leer antes de viajar solo por primera vez. No vengo a dar consejos, sino a contar lo que aprendí improvisando durante mi primer gran viaje como argentino por el mundo. - [Prefacio: la niña que no lloraba](https://viajoyescribo.com/2015/06/07/prefacio-la-nina-que-no-lloraba/): Este blog existe por mi hermana Ángeles, la niña que no lloraba. Su vida, su enfermedad y su muerte cambiaron para siempre mi forma de ver el mundo. Este prefacio es nuestro punto de partida. - [Señales contradictorias desde Constantinopla](https://viajoyescribo.com/2026/10/08/senales-contradictorias-desde-constantinopla/): Relación de ciertas novedades ocurridas en Oriente y de la inexplicable inquietud que produjeron en las cortes imperiales. - [La vida en timbres](https://viajoyescribo.com/2026/08/17/la-vida-en-timbres/): No sé cuántos timbres toca una persona a lo largo de su vida. Me imagino que nadie sabe bien el dato porque, con toda razón, a nadie le interesa. En cuatro meses y medio, debo haber tocado entre 10 y 14 mil. Parece mentira que una cosa tan simple y tan boluda me haya atravesado tanto la vida. - [Vieja no me va a querer](https://viajoyescribo.com/2026/08/09/vieja-no-me-va-a-querer-2/): Conozco a Manuelita desde que tengo memoria. Como casi todos los argentinos, supongo. Siempre pensé que era una canción para niños. - [Para mi Dusha, yo existo](https://viajoyescribo.com/2026/07/20/yo-existo/): Un profesor que me daba clases en el secundario se volvió loco. Suena crudo escribirlo así, pero es la verdad. Encontré su Facebook por casualidad buscando otra cosa, y una vez adentro, me sumergí de lleno en el océano de su derrumbe. - [Para vos](https://viajoyescribo.com/2026/04/12/para-vos/): La última entrada antes del lanzamiento. Para vos flaca. Sigo buscándote en algún lugar. - [No pasó nada](https://viajoyescribo.com/2026/03/15/no-paso-nada/): Hay gestos que para algunos no significan nada. Y para otros… no se terminan nunca. - [La vida grande](https://viajoyescribo.com/2026/01/14/la-vida-grande/): Cuando me dijeron que tenía cáncer, pensé que había vivido una vida grande. Después entré a una sala de espera y entendí que no tenía ni idea. - [El lunar](https://viajoyescribo.com/2025/12/23/el-lunar-2/): Me saqué un lunar por estética. Lo mandé a analizar pensando que no sería nada. En Brasil me llegó el resultado, y no fueron buenas noticias. - [Los ojos que vieron demasiado](https://viajoyescribo.com/2025/12/15/los-ojos-que-vieron-demasiado-2/): En un hostel de Bahía conocí a una israelí con tatuajes de guerra y ojos que habían llorado demasiado. Le escribí una carta en hebreo torpe. Y esta entrada, claro. - [Los hermanos sean unidos](https://viajoyescribo.com/2025/11/15/los-hermanos-sean-unidos/): Escribo esto por agradecimiento. Y porque en una era de pantallas y algoritmos, yo crucé la cordillera para celebrar mi amistad con él. - [La simple felicidad](https://viajoyescribo.com/2025/10/31/la-simple-felicidad/): Si uno anda por el mundo, come asados, mira las nubes y respira aire puro, tiene que ser muy tonto para no sentirse feliz. Al menos por un rato. - [Wallmapu y la hipotenusa](https://viajoyescribo.com/2025/10/30/wallmapu-y-la-hipotenusa/): Lican Ray, territorio mapuche, casas de 200 mil dólares y gente que moraliza sin soltar nada. Algo no cierra. - [Los hombres rotos](https://viajoyescribo.com/2025/10/28/los-hombres-rotos/): En Lican Ray conocí hombres que hace años no se acercan a una mujer. No porque no puedan. Porque no quieren volver a pasar por lo mismo. - [Estoy viajando otra vez](https://viajoyescribo.com/2025/10/27/estoy-viajando-otra-vez/): Llegué a Lican Ray y caminé hasta la plaza. Ahí estaba Mario, el wn pelao. Nos dimos un abrazo. Mientras en Argentina contaban los votos, yo estaba en el sur de Chile con un amigo. Misión cumplida. Estoy feliz. Estoy viajando otra vez. - [Un completo italiano](https://viajoyescribo.com/2025/10/26/un-completo-italiano/): Cajero, completo italiano, puchos y baño pago. Una hora en Temuco es suficiente para sentirse en Chile. - [Pino Hachado](https://viajoyescribo.com/2025/10/26/pino-hachado/): Crucé por Pino Hachado. El paso más fácil y rápido de mi vida. Quince minutos y ya estaba en Chile. Una señora confundió su valija con la mía. El chofer hizo un chiste con cinco kilos de droga. Yo solo quería llegar a Temuco. Todo legal. - [El factor Piccioni](https://viajoyescribo.com/2025/10/26/el-factor-piccioni/): Cada vez que me voy de Argentina, el kirchnerismo pierde. No es casualidad. Es servicio público. - [Otro nuevo comienzo](https://viajoyescribo.com/2025/10/24/otro-nuevo-comienzo/): Un vuelo en tres cuotas sin interés y una pregunta que no tiene respuesta fácil: ¿por qué viajás? - [La vuelta del Colo](https://viajoyescribo.com/2025/08/07/la-vuelta-del-colo/): El martes tuve uno de los sueños más reales y lúcidos de toda mi vida. El Colo llevaba cinco años muerto, pero ahí estaba, detrás del mostrador, sirviéndome una Sprite. No pudimos tocarnos, pero nuestras almas se abrazaron. Cuando desperté, fui al kiosco, agarré una gaseosa y me senté a escribir esto. - [Estoy enfermo por la joda mal](https://viajoyescribo.com/2025/07/01/estoy-enfermo-por-la-joda-mal/): Tres noches de caravana, una pregunta seria y ninguna respuesta tranquilizadora. - [Todo gris](https://viajoyescribo.com/2025/05/15/otro-nuevo-comienzo-3/): Volví a Argentina: asados, joda, otro romance fallido, un duelo silencioso, veinte kilos de más y las paredes recién pintadas. - [Seis mil pedidos](https://viajoyescribo.com/2025/03/15/seis-mil-pedidos/): Treinta pedidos por día. Mil por mes. Seis meses. La cuenta que hice una vez por curiosidad y no pude dejar de pensar. - [El indio y el letón](https://viajoyescribo.com/2025/02/27/el-indio-y-el-leton-2/): Tres compañeros de casa en Rotterdam: un indio con esvásticas en la puerta, un letón que robaba señales de tránsito, y yo tratando de descansar. - [Navidad sin vos](https://viajoyescribo.com/2025/01/01/navidad-sin-vos/): La Navidad la pasé solo, con trufas de psilocibina y una iguana imaginaria. Mi abuela ya no estaba, y yo no pude dejar de pensar en ella. - [Cuando era chico maté a una iguana](https://viajoyescribo.com/2024/12/25/cuando-era-chico-mate-a-una-iguana/): Ya pasaron más de veinte años, pero todavía tengo en la mente esa imagen de la iguana sangrante, muerta. Su recuerdo me persigue hasta hoy. - [Una cucharada de azúcar y tres alfajores](https://viajoyescribo.com/2024/12/15/el-azucar-2/): Dos meses conviviendo con un checo y un argentino-chileno. Lo que aprendí sobre la mezquindad. - [La casa de los diez grados](https://viajoyescribo.com/2024/12/01/la-casa-de-los-diez-grados/): Fui feliz por un mes en Rotterdam hasta que volvió Daniella. Y todo se descontroló. - [Veinticuatro kilos](https://viajoyescribo.com/2024/10/30/veinticuatro-kilos-2/): Doce botellas de agua de dos litros. Más queso, salame y jabón. Veinticuatro kilos en la espalda, sobre una bicicleta, bajo la lluvia y con viento. Y al final de todo: un viejo en calzoncillos, olor a meada rancia, y una pregunta que me venía haciendo desde hacía tiempo. - [Las tres caídas](https://viajoyescribo.com/2024/10/15/las-tres-caidas/): En seis meses repartiendo comida por Rotterdam me caí tres veces de la bicicleta. No me rompí nada, no arruiné ningún pedido y una vez los frutos secos salieron volando hasta Argentina. - [Ahora seguís solo](https://viajoyescribo.com/2024/09/24/ahora-seguis-solo/): Llegué a Rotterdam con cuatro mil euros, una cama de hostel y un trabajo nuevo. Lo que vino después fue frío, miles de kilómetros en bicicleta y una rutina que terminó vaciándolo todo. - [Las mil campanadas](https://viajoyescribo.com/2024/09/05/las-mil-campanadas/): Prometí escribir todos los días y fallé. Meses después, desde un hostel en Polonia, cuento lo que pasó en Luxemburgo: un restaurante italiano, gritos, merca, horas extra sin pagar, una campana que sonaba cada quince minutos y un despido con trampa. Me fui con cuatro mil euros y la cabeza hecha ruido. - [Cumpliendo la promesa](https://viajoyescribo.com/2024/06/08/cumpliendo-la-promesa/): Cumplí la promesa como pude: escribí de madrugada, escribí antes de irme a trabajar, escribí con la espalda rota. Mis compañeros volvieron de comprar merca, el jefe gritó por la cocina, y yo seguí lavando platos. Pero llegó un mail de Flink. Por primera vez en días, vi una salida. - [El sillón del futuro](https://viajoyescribo.com/2024/04/06/el-sillon-del-futuro/): Conocí a un argentino en Italia que me dio asco. No solo por lo que decía, sino por lo que mostraba: una decadencia que no llega de golpe, sino por goteo. Esa noche entendí que, si no me cuido, yo también podría terminar roncando en un sillón ajeno. - [Paralelo 44](https://viajoyescribo.com/2024/03/03/paralelo-44/): Pascua en el Piamonte italiano: cinco grados, lluvia y una casa vieja de madera donde escribo, acompañado por el té, los pájaros, una gata interesada y la distancia de Argentina. - [Separar la basura](https://viajoyescribo.com/2024/02/25/separar-la-basura-2/): Mondovì me recibió con silencio, calefacción y cinco tachos de basura. Después de meses de ruido y caos, aprendí a separar lo orgánico, el plástico, el papel y el vidrio como quien aprende a ordenar la cabeza. Vine al Piamonte por una razón simple: estar solo y escribir. - [Domingo con ángeles y bestias salvajes](https://viajoyescribo.com/2024/02/18/roma-vaticano-desierto-interior-2/): Llegué a Roma dos años después de Ucrania y terminé llorando en la Plaza de San Pedro, escuchando al Papa hablar del desierto interior, las fieras y los ángeles. Ese mediodía entendí que si no entro en mí y no me siento a escribir en serio, todo lo demás es cartón pintado. - [Barro y sangre](https://viajoyescribo.com/2024/02/13/barro-y-sangre/): En mi último día en Longobardi llovía a baldazos y yo caminaba con un podcast de Kissinger en los oídos, buscando una dirección fantasma. En una escalera, el auricular izquierdo salió volando y cayó barranca abajo, al barro. Lo que siguió fue una pelea ridícula y visceral. - [¿Soy italiano?](https://viajoyescribo.com/2024/01/16/soy-italiano/): El 16 de enero de 2024 firmé en el Comune y, en los papeles, me volví italiano. Diez meses de trámites y cincuenta días de espera resumidos en una oficina chica con olor a papeles viejos y el mar asomando por una ventana. Todos decían que ese momento era para llorar. Yo no sentí nada. En el camino de vuelta entendí algo simple y brutal: Longobardi seguía igual; el que tenía que cambiar era yo. Y el verdadero acto de ciudadanía no fue el sello, sino sentarme a escribir para no dejar que esta historia se perdiera. - [Unas cuantas páginas](https://viajoyescribo.com/2024/01/14/unas-cuantas-paginas/): En Longobardi aprendí que separar residuos es parte de ser “normal”: un calendario en la heladera, dos tachos más y listo. Pienso en Argentina y me queda bronca y esperanza. Y después están los bichos: gatos por todos lados, perros más atados de lo que me gusta. Cincuenta días después, todavía no puedo decir “Italia es así” o “Italia es asá”. Solo sé que camino entre el mar y la montaña y escribo, porque si no escribo, esto se pierde. Y lo que vale la pena no se tira: se transforma. - [La comida y el juego](https://viajoyescribo.com/2024/01/14/la-comida-y-el-juego/): En Calabria comí como si el cuerpo tuviera que aprender de nuevo los sabores: tomates que saben a tomate, cítricos por todos lados, quesos y fiambres baratos pero de verdad. No todo es idílico —la carne pica—, pero hasta la Fanta cuenta la diferencia entre Italia y Argentina. Y en medio de esa vida cotidiana, vi otra escena: gente hipnotizada frente a las tragamonedas, apretando el mismo botón hasta quemar cincuenta euros en minutos. Dos mundos en el mismo lugar: el placer simple de comer bien y el agujero estúpido del juego. - [El castillo y el campo](https://viajoyescribo.com/2024/01/05/el-castillo-y-el-campo/): En Calabria casi no existe la tierra vacía: si hay patio o balcón, hay algo plantado. Camilo me enseña a mirar esa lógica práctica mientras camino entre quintas, flores y portones que me recuerdan a mis abuelos. Pero Longobardi no es Luque: acá hay castillos feudales y ruinas hechas a cañonazos, un Mediterráneo que a veces parece pileta, y un invierno raro donde camino quince kilómetros por día y cambio yo, no el paisaje. - [Colonia de compatriotas](https://viajoyescribo.com/2024/01/02/colonia-de-compatriotas/): Cincuenta días en Longobardi, Calabria: un pueblo mínimo entre el Tirreno y las montañas que, por un tiempo, fue el centro del mundo. La “pobreza” italiana no se parece a la nuestra, y en el único bar de invierno suena música desde un celular. Pero lo que más me sorprendió fue la colonia de argentinos: mates en la playa, “boludos” por la calle y una soledad rara entre compatriotas. - [Una fábrica de italianos](https://viajoyescribo.com/2023/12/01/la-fabrica-de-italianos-2/): Aterricé en Roma y me crucé con un calchinero en el aeropuerto. Días después estaba en Calabria, pagando una “fábrica de italianos” para sacar la ciudadanía, rodeado de naranjos que me devolvieron a mi infancia. La primera noche casi incendio el departamento por hacer ñoquis en pedo. - [La indemnización](https://viajoyescribo.com/2023/11/13/la-indemnizacion/): Cobré tres millones doscientos mil pesos de indemnización y, en vez de clavarlos en el banco, los saqué en una mochila y los cambié por dólares. Fue la diferencia entre quedarme puteando y subirme a un avión con una carpeta perfecta rumbo a Italia. - [La caída](https://viajoyescribo.com/2022/04/15/la-caida/): Volví de Ucrania, pero no volví del todo. La guerra me siguió adentro, me empujó al alcohol y me dejó al borde de un río. Después vino el despido, el silencio y la vergüenza. Esta entrada no es épica: es el pozo. - [Viajo y Escribo en Ucrania: epílogo](https://viajoyescribo.com/2022/04/13/epilogo-guerra-ucrania-no-hice-tanto-como-queria/): Cuando pienso en Ucrania, lo primero que me sale es esto: no hice tanto como quería. Le pondría un seis a mi cobertura. Fui sin cámara, sin traductor, sin chofer, con el cuerpo, el celular y el inglés que podía. Volví con un puñado de notas, la conciencia de mis límites y una bronca que no se me va: la guerra no perdona a los verdes, y hay colegas que se disfrazan de héroes cuando la gente alrededor está mucho más expuesta. Yo no quiero ser un mito ni un fantasma con casco. Quiero haber estado, haber mirado, haber escrito y haber vuelto para contarlo lo mejor que pude. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #22](https://viajoyescribo.com/2022/04/02/diario-guerra-22-odesa-chisinau-transnistria-deportado/): Salí de Odesa rumbo a Moldavia esperando un viaje de tres horas y tardé casi ocho, entre controles, tanques y pasaportes sellados. Al cruzar la frontera, el mundo cambió: campos verdes, negocios abastecidos, gente caminando sin mirar al cielo. En Chisináu me cayó la ficha de verdad: yo me iba, ellos se quedaban en guerra. Al día siguiente intenté entrar a Transnistria, pero por decir que era periodista me bajaron del colectivo y me devolvieron a Moldavia con una advertencia: estaba en una lista negra. - [Viajo y Escribo en Ucrania: Interludio](https://viajoyescribo.com/2022/04/01/interludio-grushnik-abril-2003-abril-2022/): En abril de 2003 un profesor y toda una clase inventaron un país —Grushnik— para tenderme una trampa y humillar al gordito que se sabía las capitales de memoria. Casi veinte años después, ya fuera de Ucrania y camino a Moldavia, ese recuerdo volvió con una nitidez pegajosa. Los libros me trajeron hasta acá, me hicieron distinto, y durante mucho tiempo pensé que ese precio era la soledad. Todavía me pregunto qué fue real: el país inventado o la herida. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #21](https://viajoyescribo.com/2022/03/28/30-marzo-2022-odesa-mar-negro-controles/): Llegué a Odesa buscando aire y encontré una ciudad militarizada hasta el absurdo: controles, pedidos de documentos, órdenes de borrar fotos, paranoia. Quería ver el mar Negro y terminé viéndolo a escondidas, como si el agua fuera un secreto militar. En medio del hartazgo y la soledad, una pareja de soldados caminando de la mano me dejó la única luz del viaje. Después de eso, supe que mi tiempo en Ucrania había llegado a su fin. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #20](https://viajoyescribo.com/2022/03/28/viajo-y-escribo-en-ucrania-diario-de-guerra-17-2/): Por esos días, en la redacción me sugirieron que me volviera. Decían que ya tenía suficiente material, que no valía la pena seguir arriesgando. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #19](https://viajoyescribo.com/2022/03/27/diario-de-guerra-19-ira-sviatoshynskyi-kyiv/): Antes de irme de Kyiv volví a ver la misma escena: edificios abiertos, escombros y el zoológico de cámaras. En Sviatoshynskyi conocí a Ira, una militar con un bebé en brazos y un marido con cáncer, sobreviviendo con una pensión ridícula. Entre la solidaridad y la sospecha de puesta en escena, entendí algo: la ciudad se acostumbraba a las bombas, pero yo no. Y después de Kyiv, quise moverme hacia Odesa. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #18](https://viajoyescribo.com/2022/03/21/podilsky-el-mal-en-kyiv/): En Kyiv casi todo estaba cerrado y el silencio se cortaba con cuervos, sirenas y artillería. En Podilsky vi un edificio abierto al aire, como una maqueta rota: casas destripadas, juguetes entre vidrios, vecinos paleando lo que quedaba. Conocí a Babenko, veterano de otras guerras, y entendí que hay lugares donde el mal se queda pegado para siempre. Ese día supe que no iba a volver a ser el mismo. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #17](https://viajoyescribo.com/2022/03/19/kyiv-hotel-periodistas-chaleco-casco-periodismo-muerto/): En Kyiv conseguí un hotel barato con desayuno y, por primera vez desde que llegué a Ucrania, encontré algo parecido a una base: periodistas de todo el mundo, equipos profesionales, sueldos obscenos y personajes inolvidables. Un argentino me regaló chaleco y casco; un salvadoreño me habló de ciudadanía; dos eslovacos rompían la prohibición de alcohol y fumaban marihuana como si estuvieran en una misión. Entre charlas de guerras ajenas y una frase que me quedó clavada —“el periodismo está muerto”— entendí otra cosa: yo estaba solo, improvisando, y en casa la guerra ya empezaba a dejar de importar. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #16](https://viajoyescribo.com/2022/03/19/kyiv-estacion-frio-tinieblas-primera-explosion/): Una noche en la estación de tren de Kyiv: frío, tinieblas y gente tratando de dormir entre valijas. Cuando intento filmar, cuatro soldados me obligan a borrar todo. Al salir, me recibe una ciudad en silencio, cubierta de niebla. Y por primera vez en mi vida escucho una explosión: la guerra deja de ser sirenas y noticias en el celular y se planta delante mío. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #15](https://viajoyescribo.com/2022/03/17/llegada-a-kyiv-sin-acreditacion/): Llegué a Kyiv de noche, en pleno toque de queda, escoltado por soldados y sin la acreditación de prensa que me podía salvar o hundir. En el tren conocí a un equipo de argentinos que parecía filmar una película. Yo tenía un celular, miedo y la improvisación como bandera. En la fila de control, con una Kalashnikov a centímetros, entendí que en esta ciudad un papel —o una mirada de más— te puede cambiar la vida. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #14](https://viajoyescribo.com/2022/03/13/diario-de-guerra-14-lviv-gaston-bar-clandestino-sirenas-rumbo-a-kyiv/): 13 de marzo de 2022. En Lviv las sirenas no me dejaron dormir y la guerra empezó a sentirse demasiado cerca: treinta y cinco muertos en un ataque a las afueras. Entre cansancio, hambre y la sensación de no estar a la altura, apareció un argentino inesperado: Gastón, chaqueño, nieto de ucranianos, viviendo en la ciudad desde 1998. Con él recorrí iglesias, historias familiares y un bar oculto al que se entra con contraseña. Ese respiro me ordenó la cabeza y me dejó una certeza incómoda: Lviv ya me había dado lo que podía. Si quería entender el corazón de la guerra, tenía que ir a Kyiv. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #13](https://viajoyescribo.com/2022/03/12/diario-de-guerra-13-cementerio-lviv-heroe-fragmentos/): 12 de marzo de 2022. En Lviv volvió a sonar la sirena antiaérea y el frío me encontró despierto, con la cabeza llena de preguntas: qué hago acá, para qué vine, sobre qué escribo. Caminé por una ciudad cubierta de grafitis y frases de guerra hasta que elegí un lugar inesperado para entenderlo todo: el cementerio, una de las “atracciones” de la ciudad. Entre tumbas soviéticas, polacas y judías llegué al sector militar: filas de pibes jóvenes, recién enterrados, fotos con uniforme, flores amarillas y azules. Leí una frase que me quedó clavada y pensé en la sangre que reclama cada guerra. Y en la advertencia de un sirio, semanas antes de mi viaje, que volvió como una sentencia: no vale la pena. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #12](https://viajoyescribo.com/2022/03/11/viajo-y-escribo-en-ucrania-diario-de-guerra-9-3/): 11 de marzo de 2022. En Lviv me despertó la sirena antiaérea a las 4:42 y entendí que la guerra podía entrar por las paredes. Salí igual: quería escribir sobre el desabastecimiento, pero terminé encontrándome con Tanya, una chica de trece años que hablaba inglés y cuya mirada me recordó a Ángeles. Hablamos de góndolas vacías, miedo, refugios y familias atendiendo como podían mientras la ciudad se llenaba de gente que huía hacia Polonia. Después recorrí sótanos convertidos en refugios: colchonetas, víveres, juguetes y carteles con instrucciones para sobrevivir si el cielo se rompe. Mandé notas, junté material, hice lo que pude. Lo que no tuve fue a alguien con quien hablar de verdad sobre todo lo que estaba viviendo. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #11](https://viajoyescribo.com/2022/03/10/diario-de-guerra-12-sirenas-desabastecimiento-refugios-lviv/): Al día siguiente salí a la calle a las seis de la mañana, bien abrigado, con la idea de caminar y conocer Lviv. La ciudad estaba gris y fría. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #10](https://viajoyescribo.com/2022/03/09/diario-de-guerra-10-lviv-estacion-refugiados-zhanna-tania/): 9 de marzo de 2022. En Lviv, una chica de no más de veinte años, con dos trenzas y una Kalashnikov en la espalda, me pidió el pasaporte en la frontera y me dejó pensando en la valentía y en las vidas que tocan por azar. La estación central estaba reventada de refugiados, olor a pis y chivo, fogatas en tambores y cenizas flotando en la neblina. Entre soldados, café caliente y Wi-Fi precario, escribí la nota sentado en el piso mugriento. Al amanecer, el himno ucraniano prometía que los enemigos caerían como rocío. Horas después, una desconocida me abrió la puerta de su casa: agua caliente, calefacción y una cama. Y recién ahí entendí lo que estaba viviendo. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #9](https://viajoyescribo.com/2022/03/08/diario-de-guerra-9-press-przemysl-frontera-lviv-slava-ukraini/): En el tren hacia Ucrania, mi chaleco de “PRESS” me abrió una puerta: una pareja ucraniana me escribió “CUENTA LA VERDAD” en Google Traductor y empezamos a hablar como pudimos. En Przemyśl, con -10 °C y la estación desbordada de militares, periodistas y refugiados, una sopa caliente me devolvió el alma. Cerca de medianoche crucé la frontera rumbo a Lviv, entre cantos de “Slava Ukraini”, humo de cigarrillos y varenyky fríos. Afuera marcaba -16 °C. Ahora sí: estaba entrando a la guerra. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #8](https://viajoyescribo.com/2022/03/08/diario-de-guerra-8-polonia-zawiercie-katowice-przemysl/): Entre trenes, fronteras invisibles y un idioma imposible, crucé Polonia a ciegas: me perdí el transbordo, terminé en Zawiercie, encontré una placa sobre deportaciones nazis, aprendí a comprar un pasaje a señas y descubrí que Przemyśl se pronuncia diferente. Cuando por fin tomé el tren correcto hacia el este, el paisaje soviético y el cielo blanco me recordaron lo irreal: casi no parecía que estaba yendo a la guerra. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #7](https://viajoyescribo.com/2022/03/08/diario-de-guerra-6-estacion-viena-refugiado-ucraniano/): En la estación de Viena, de madrugada, yo ya no buscaba un tren: buscaba una historia. Entre cansancio, frío y escenas miserables, me encontré rogando a Dios por una señal. Entonces apareció una nena corriendo y, detrás, un ucraniano que me miró fijo: “Disculpe, ¿es periodista? Tengo que hablar con usted”. Hablamos hasta las siete. Fumamos como condenados. Y por fin, en el primer tren que pude agarrar, escribí como si me estuviera salvando la vida. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #6](https://viajoyescribo.com/2022/03/08/diario-de-guerra-6-viena-frio-perdi-el-tren-refugiados/): En Viena, el frío me obligó a comprar ropa de invierno. Regalé mi campera argentina a un mendigo que pide “Brot”. Entre taxis Porsche, baños futuristas y pantallas con diez partidos de fútbol, un hombre con parálisis cerebral me ayuda y me devuelve a Ángeles. Pero la ciudad me cobra caro y pierdo el tren. En una terminal llena de refugiados, me queda una sola certeza: estoy solo, perdido, y todavía no sé qué carajo hago acá. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #5](https://viajoyescribo.com/2022/03/07/diario-de-guerra-5-viena-wien/): Llego a la estación central de Viena y me golpea la dimensión del éxodo: carteles que no dan información, centros de acogida, voluntarios de Cáritas, familias enteras moviéndose con lo puesto. Me freno cuando intento filmar. Más tarde salgo a caminar por Viena y me desordena el brillo: autos de lujo, edificios perfectos, precios absurdos. Me saco fotos de todo para calmar la ansiedad, hasta que un jefe me escribe: “Estás representando a la empresa. Sé más serio”. Y me cae la ficha: no estoy acá para hacer turismo. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #4](https://viajoyescribo.com/2022/03/07/viajo-y-escribo-en-ucrania-diario-de-guerra-3-2-2/): Tras seis horas de sueño reparador, desperté lleno de energía y salí en busca de un adaptador para cargar mi celular y mi computadora. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #3](https://viajoyescribo.com/2022/03/06/diario-de-guerra-3-sigue-dia-1/): En Múnich, el frío y la tecnología me pegan como una cachetada: todo es automático, todo es silencioso, y yo camino como un primitivo con una mochila de 30 litros. En la estación, una pareja me frena: él es africano, ella ucraniana, vienen de Járkov. Me muestran videos de la guerra. Se me revuelven las tripas. Horas después encuentro un hostel barato, una argentina en recepción, una ducha caliente. Apoyo la cabeza y me hundo en un sueño pesado, con una canción de Rammstein ardiendo en el fondo. - [Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #2](https://viajoyescribo.com/2022/03/02/diario-de-guerra-2-dia-1/): En vuelo hacia Madrid, camino a Ucrania, miro alrededor y siento la contradicción: el mundo sigue como si nada. Hay bebés, vacaciones, quejas por el protocolo Covid. Yo, en cambio, viajo con el cuerpo cerrado y la cabeza en la guerra. Cerca de mí va una niña con síndrome de Down. Me recuerda a mi hermana. Y cuando aterrizo en Barajas, esa misma niña me toma de la mano. Por un segundo, todo se detiene: Ángeles. Siempre Ángeles. Después vuelve la realidad. Tengo que cubrir una guerra. - [Viajo y Escribo en Ucrania: antes de la tormenta](https://viajoyescribo.com/2022/03/01/antes-de-la-tormenta-ucrania-dia-0/): En menos de dos días me confirmaron un viaje que todavía no terminaba de entender: iba rumbo a Ucrania como corresponsal. Con pocos preparativos, miedo mezclado con entusiasmo y una fe medio torpe, pasé por el cementerio de mi pueblo para pedirle compañía a mi hermana y a mi abuelo. Después abracé a mi papá y a mi hermano, subí al avión hacia Madrid y miré el océano por la ventanilla, con una pregunta clavada en la cabeza: ¿dónde me estaba metiendo? - [El final es en donde partí](https://viajoyescribo.com/2018/08/27/el-final-es-en-donde-parti/): Manaos fue un epílogo húmedo y áspero: mercado amazónico, caucho, Teatro Amazonas y un gesto mínimo que le salvó el viaje a un brasilero. Volví a Córdoba con una certeza simple: a mi hermana la llevé conmigo en cada paso. Eso me alcanzó. - [Los pobres hombres](https://viajoyescribo.com/2018/02/13/los-pobres-hombres/): Volver a Brasil fue como volver a la civilización. En Boa Vista, en cambio, el golpe fue otro: miles de venezolanos en la calle, vendiendo lo que fuera para sobrevivir. Hablamos con un mecánico de 72 años que dormía en una carpa y entendimos, sin grandilocuencia, lo que significa empezar de cero. - [El país sin inodoros](https://viajoyescribo.com/2018/02/12/el-pais-sin-inodoros/): En Guyana sentí un retroceso: rutas rotas, buses viejos y baños que eran un agujero en el piso rodeado de moscas. En Georgetown no nos inspiró confianza y nos subimos a una trafic con 19 personas para cruzar la selva durante 18 horas rumbo a Brasil. No pasó “nada” y, sin embargo, me acuerdo de todo: la incomodidad, los pájaros, el porro del rastafari y esa certeza rara de estar vivo. - [Sapos y mosquitos](https://viajoyescribo.com/2018/02/10/san-pablo-y-el-choque-cultural-10-8/): Pasamos de Paramaribo a la frontera con Guyana y el paso estaba cerrado: catorce horas a la intemperie, sin puchos y con la selva encima. Esa noche no hubo nada heroico: solo mate, una selfie, sapos, mosquitos y la certeza de que nunca iba a volver a estar ahí. - [¿Qué hacemos en Surinam, loco?](https://viajoyescribo.com/2018/02/08/que-hacemos-en-surinam-loco/): Cruzamos el río Maroni de noche y caímos en Surinam sin entender qué hacíamos ahí. Entre taxis “al revés”, hoteles baratos, haitianos salvadores y un shampoo para perros, Paramaribo nos mostró un mundo raro, caluroso y cosmopolita. - [Todo es caro para un seco](https://viajoyescribo.com/2018/02/07/todo-es-caro-para-un-seco/): Guayana Francesa fue una rareza: Renault y Citroën en plena selva, calor brutal y un país donde nadie parecía hablar otra cosa que francés. Intentamos hacer dedo hacia Cayena y todos pedían plata: era sol o billete. Cuando por fin subimos a un auto, el tipo manejó como un loco y casi nos mata antes del puente del Approuague. En Cayena entendimos rápido el título: todo es caro para un seco. Euro, hotel imposible, cigarrillos carísimos y ganas de irnos. Esa misma noche cruzamos el Maroni sin sellar el pasaporte y entramos a Surinam, el siguiente capítulo de la aventura. - [Pensamientos en francés](https://viajoyescribo.com/2018/02/06/pensamientos-en-frances/): En Macapá conocimos a un chileno que reparaba barcos en Guayana Francesa: ganaba en euros, vivía de ilegal y chasqueaba los labios sin parar. Esa noche, mientras él se iba rumbo a la excolonia, yo no podía dejar de pensar si volver a Argentina era lo correcto. Al día siguiente cruzamos el Oiapoque hacia Saint-Georges y entramos a Guayana Francesa: selva húmeda, calor pesado y un oficial de Migraciones que solo hablaba francés. Por lo pronto, estaba en otro país. Y esa sensación siempre es buena. - [El río Amazonas](https://viajoyescribo.com/2018/02/03/el-rio-amazonas/): En el barco del Amazonas, el motor no se callaba nunca y comer al lado de la sala de máquinas era una tortura. Alejandro —«Pipi»— casi tiene acción con una enfermera, pero la noche terminó en pedido de plata y una foto desnudo. Yo me quedé con otra escena: camarones de una bolsa de plástico en la proa, el sol cayendo y las colas volando al río. Ahí entendí que algunos instantes justifican todo. En Macapá compré un pasaje a Córdoba. Todavía faltaba cruzar las Guayanas. - [Aventura y supervivencia](https://viajoyescribo.com/2018/02/02/aventura-y-supervivencia/): Se me acababa Brasil y el único camino hacia Guayana Francesa era el Amazonas. Compramos los pasajes, nos colgamos las hamacas y durante días solo existieron río marrón, selva verde y cielo negro. En el barco viajaban muchos africanos, sobre todo senegaleses, que comerciaban de todo. Yo estaba ahí por aventura. Ellos, por necesidad. Y en medio de ese río inmenso entendí algo simple: algunos viajan para buscarse; otros, para sobrevivir. - [Otro hijo por un rato](https://viajoyescribo.com/2018/02/01/otro-hijo-por-un-rato/): Belém nos recibió con lluvia pesada, asfalto caliente y una tristeza pegada a las paredes. Probamos açaí con peixe, aprendimos que en el norte no se endulza nada y que el pescado no lleva açaí encima. Nos alojó Marta por Couchsurfing: baile, música brasileña y una hospitalidad rara. Después, en una charla, entendí por qué. - [Una amistad con mucho rock](https://viajoyescribo.com/2018/01/31/una-amistad-con-mucho-rock/): Richard manejaba un camión cisterna rumbo a Belém, y para nosotros fue como ganarnos la lotería: miles de kilómetros sin ruta a pie, sin sol en la nuca. En la cabina sonaban Megadeth, Maiden, Rammstein y Sepultura; la confianza apareció rápido y Richard se volvió un hermano del camino. Hubo risas, comidas de carretera y también señales de que el norte era otro mundo. Al final, lo que quedó no fue el trayecto: fue la amistad. - [La vida del mochilero](https://viajoyescribo.com/2018/01/16/la-vida-del-mochilero/): Al otro día viajamos un poco más, pero las quejas de mi amigo comenzaron a ser más frecuentes. - [El mar verde](https://viajoyescribo.com/2018/01/15/el-mar-verde/): Después de una noche espantosa en Petrópolis, volvimos a la ruta y el país empezó a tragarnos: camiones, camionetas, un iraní manejando a 160 y riéndose con un “no los voy a matar”. Llegamos a Belo Horizonte y esquivamos un parque oscuro que olía a peligro. Seguimos hacia el interior y entendí algo: Brasil no se corta nunca. Todo es verde. Y yo, con el reloj corriendo, viajaba a dedo por ese mar inmenso. - [Queda mucho por andar](https://viajoyescribo.com/2018/01/05/queda-mucho-por-andar/): Río de Janeiro es un lugar para ir de vacaciones. Entre las cosas que hicimos, lo mejor fue subir caminando al Cristo Redentor a través del Parque Laje. - [Paréntesis de Año Nuevo](https://viajoyescribo.com/2018/01/01/parentesis-de-ano-nuevo/): Pasé Año Nuevo en Brasil entre lentejas, siete olas y un cielo negro. En Ubatuba tuve trabajo, cierta estabilidad y una calma extraña. Pero también vi despedidas, gualichos, una gata que volvió marcada y otra que murió. Cuando mi amigo dijo que no había salido de Argentina para quedarse en la misma playa, lo escuché. Y entendí que esos meses habían sido, tal vez, los más felices de mi vida. - [El submundo laboral de los brasileros](https://viajoyescribo.com/2017/08/23/el-submundo-laboral-de-los-brasileros/): De voluntario en un hostel pasé a un restaurante nuevo en Ubatuba: jornadas eternas, jefes miserables y un socio noble atrapado en una mala sociedad. La postal del paraíso se cayó. Lo que quedó fue el esfuerzo de los que laburan de verdad. - [Era un pueblo con mar](https://viajoyescribo.com/2017/08/13/era-un-pueblo-con-mar/): Llegamos a Ubatuba a dedo, bajamos la sierra, encontramos un hostel frente al mar y terminé de voluntario en recepción. Años después volví por nostalgia: Dona Benedita ya no existía, pero yo sé que existió. - [Hacia las estrellas](https://viajoyescribo.com/2017/08/11/hacia-las-estrellas/): En Atibaia encontré una casa cálida, una bebida violeta de after y un concentrado que me dejó pedaleando en el aire. Después vino Valentina: el deseo sin vueltas, y un recuerdo que se quedó. - [El Emperador](https://viajoyescribo.com/2017/08/10/el-emperador/): Brasil me mostró su costado más crudo y más místico en la misma semana: favela, lança, espiritismo, cartas sobre una mesa. Cuando di vuelta la número trece apareció El Emperador, y el “brujo” me dijo algo que todavía me sigue trabajando por dentro. - [El mundo en el que vivimos](https://viajoyescribo.com/2017/08/05/san-pablo-y-el-choque-cultural-11/): São Paulo era exceso y vértigo: cincuenta pasteles distintos, funk en la calle y casas superpuestas como capas. En Diadema entendí que la ciudad también puede ser un mundo cerrado: hay gente que nace ahí y no se va nunca. - [El gusto está en la variedad ](https://viajoyescribo.com/2017/08/04/el-gusto-esta-en-la-variedad/): En Brasil la calle es un escenario: parejas, cuerpos, deseo y una tolerancia que no pide explicaciones. Entre playa, calor y carnaval, entendí por qué dicen que la alegría es brasilera. - [La selva de piedra](https://viajoyescribo.com/2017/08/03/sao-paulo-selva-de-piedra/): De un pueblo chico a una ciudad de más de veinte millones. São Paulo me abrumó, me excitó y me dejó una lección: a nadie le importa tanto como creemos. Y en esa verdad, encontré libertad. - [La vida en broches](https://viajoyescribo.com/2017/08/02/la-vida-en-broches/): Dormimos en el acoplado de un camión lleno de broches, rompí los anteojos y crucé São Paulo con náuseas, caballos afuera del bar y un descubrimiento: en Brasil a Don Ramón le dicen Seu Madruga. - [La hospitalidad de los hermanos](https://viajoyescribo.com/2017/07/31/la-hospitalidad-de-los-hermanos/): Avanzamos lento por Brasil: carona, caminos ondulados, una cena inesperada y una noche de Uno. La generosidad apareció donde menos la esperé. La sangre, también. - [Compartiendo el aura](https://viajoyescribo.com/2017/07/26/compartiendo-el-aura/): Entre caronas y estaciones de servicio, el portugués empezó a entrarme por los oídos. Dormimos en São Luiz Gonzaga, comimos con una madre gaucha y me fui con una reseña rara y hermosa: “gran alma… compartiendo su aura”. - [Atravesar los amplios llanos](https://viajoyescribo.com/2017/07/25/atravesar-los-amplios-llanos/): Cruzamos a Brasil y vimos el atardecer sobre el río. De un lado era Argentina, del otro Brasil. Me fui en silencio, con un nudo en el pecho. No lloré, pero no hizo falta. - [Corazón gitano](https://viajoyescribo.com/2017/07/21/corazon-gitano/): A dedo, pueblo por pueblo, un Audi frena en la ruta. El conductor dice ser gitano y tener 23 hijos con 22 mujeres. Esa noche terminamos con llave prestada en Paraná y una venganza de agua helada. - [Mi errante andar](https://viajoyescribo.com/2017/07/20/mi-errante-andar/): Viajé con Odirlei rumbo a Brasil haciendo dedo. En Monte Cristo hubo tortas fritas y asado; en San Francisco, siete horas de negativas, frío y un perro que no paró de ladrar. Cuando ya parecía derrota, Couchsurfing nos consiguió una casa. Y entendí que la fe de mi compañero —tartamudo y terco— era una forma de coraje. - [Guía práctica para aquellas personas que quieren viajar, pero tienen miedo](https://viajoyescribo.com/2017/05/01/hola-mundo/): Éste es un texto para mi yo del pasado, a quien le hubiera encantado leer algo así antes de viajar por primera vez. - [Un nuevo comienzo](https://viajoyescribo.com/2017/05/01/un-nuevo-comienzo/): Mayo de 2017: sigo trabajando en un kiosco mientras todo se me cae encima. En un grupo de mochileros conozco a Odirlei, un brasilero que viaja a dedo y con monedas. Lo invito a Córdoba sin conocerlo. Entra a mi casa y, sin saberlo, entra también a mi historia: esa visita termina empujándome al segundo viaje y a una reconstrucción personal que todavía no entendía. - [El día que me robaron el alma (y decidí recuperarla)](https://viajoyescribo.com/2016/12/01/el-dia-que-me-robaron-el-alma/): Volví de Brasil y, en una terminal tranquila, me robaron la mochila con mi vida entera. Me quedé con lo puesto. Y decidí recuperar todo. ## Pages - [Contacto](https://viajoyescribo.com/contacto/): Si llegaste hasta acá, es probable que algo de lo que leíste te haya resonado. - [Inicio](https://viajoyescribo.com/): Este espacio nació después de viajar y escribir durante más de una década. - [Mi cuenta](https://viajoyescribo.com/mi-cuenta/) - [Finalizar compra](https://viajoyescribo.com/finalizar-compra/) - [Carrito](https://viajoyescribo.com/carrito/) - [Tienda](https://viajoyescribo.com/tienda/) - [Página de ejemplo](https://viajoyescribo.com/pagina-ejemplo/): Esta es una página de ejemplo. - [Acerca de](https://viajoyescribo.com/federico-piccioni-aimar/): Mi nombre es Federico Piccioni Aimar. 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