Estoy viajando otra vez

Al final tomé el colectivo de Temuco a Villarrica a las 19:20 de ese domingo. Podría haberme subido al primer colectivo que vi con cartel a Villarrica apenas llegué a la terminal, pero en ese momento me faltaba efectivo, tenía hambre y el baño me llamaba, así que esperé. De paso, caminé un poco. 

De Temuco a Villarrica me la pasé durmiendo. Yo casi nunca puedo dormir en los colectivos, pero esta vez sí. Mi cuerpo necesitaba descansar de tantos meses de escabio y descontrol. 

Llegué a Villarrica cerca de las nueve de la noche. Mario me había dicho que ahí tenía que caminar una cuadra hasta otra terminal desde donde salían los colectivos a Lican Ray. Le pregunté a un loco, pero no tenía idea. Le pregunté a otro y me dijo:

—Es ese de allá. Corré porque se te va.

En efecto, el colectivo estaba saliendo. Lo alcancé justo. 

—¿Me puede llevar a Lican Ray? —le pregunté al chofer.
—Sí. Suba la maleta acá —respondió, señalando un espacio cuadrado a su derecha.

Me cobró 1.900 pesos. Le tendí dos billetes de 1.000. Dejé la valija en el lugar señalado y me senté casi al fondo, no sin antes echar un vistazo al paisanaje. 

“Estoy en el sur de Chile”, pensé. 

Estaba a 20 minutos de mi destino: la casa de Mario.

Por qué hice este viaje

Mi amigo chileno —del que hablo en otra entrada— estuvo años diciéndome que fuera a visitarlo. No lo veía desde julio de 2016.

Si uno tiene amigos, tiene que visitarlos. Si no, no son amigos.

Llegué a Lican Ray y caminé hasta la plaza. Ahí estaba Mario, el wn pelao. Nos dimos un abrazo. Mientras en Argentina contaban los votos y Milei arrasaba, yo estaba en el sur de Chile con un amigo. Misión cumplida: me fui del país. Perdió el kirchnerismo.

Asado chileno

Mi amigo me recibió con un asado, pero me dijo que lo hiciera yo. Él prendió el fuego y yo cociné. Había morcillas, que en Chile reciben el nombre de “prietas”. Estaban buenas. Los choris eran diferentes: más flacos, pero con un sabor particular. Me gustaron. Un gran pedazo de carne envasada al vacío era la supuesta estrella de la noche. Miré la etiqueta: venía de Brasil. 

Como lo supuse, no se podía comer, era un chicle. Había poca brasa además, así que tuve que prender unos troncos que encontré debajo del asador. 

Me pregunté por qué los chilenos usan tanta leña y nosotros gas natural, y la respuesta es obvia: nosotros tenemos gas natural y ellos tienen árboles. Tonto rqlo.

Cayó otro loco y compramos escabio. Nada puede salir mal si hay alcohol y asado. Mario no tomó. 

La estufa de leña estaba prendida. Esta no era la casa que yo conocí hace nueve años.

Nos fuimos a dormir. Yo estaba cansado. 

 No abrí los ojos hasta bien entrada la mañana del lunes. En Lican Ray se descansa bien. No es como dormir con la Kiki y el Negro, que ladran y joden toda la noche. Acá no pasa nada: todo es oscuridad y silencio.

Estoy feliz. Estoy viajando otra vez.

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