Paseos y clima

Mario me llevó a dar vueltas por Lican Ray. El lago es hermoso. Limpio. Frío. Rodeado de montañas, árboles y prolijas casas de madera. Hay perros por todos lados. A la gente le gusta vivir acá y se nota: basta con dar un paseo por el lago o por el río para estar de buen humor.

Como es obvio, hace más frío que en Córdoba. No zafás del viento helado con un abrigo cualquiera. “Pasando abril, ya cagaste”, dijo uno de los amigos de Mario, y suena lógico. Estamos casi en noviembre y a la noche hace frío. Es esencial tener una estufa. Recuerdo cuando vine en julio: era una heladera. 

Nos detuvimos junto a un río. Mario me dice:

—Mirá, en esta parte el río va hacia la izquierda. Pero más allá, corre hacia la derecha. 

Caminamos unos metros y era verdad. No es que el río esté loco, sino que el lago donde desemboca impulsa la corriente hacia adentro. Después, tras unos metros, el río vuelve a circular en su dirección natural. Cosas de la geografía chilena.


Los hombres rotos

Hablando con los amigos de Mario me doy cuenta de otra cosa: los hombres estamos rotos.

Uno me dijo que hacía cuatro años que no tenía relaciones sexuales. Otro, un año. No porque no pudieran, sino porque no querían. Porque los habían lastimado. Porque no querían volver a engancharse.

Es como si todos hubiéramos armado un sistema de defensa: si no me acerco, no me hieren. Ven una mujer a lo lejos y se van. Eso no es timidez. Eso es trauma.

No pasa solo en Argentina. Acá también hay hombres que están solos porque no quieren volver a pasar por lo mismo. Hombres que se cuidan demasiado. Que ya no hablan con nadie del sexo opuesto. Que no insisten. Que prefieren un asado y escabiar con los amigos antes que volver a exponerse al sufrimiento.

Capaz estamos todos así. Un poco viajando, un poco escribiendo, un poco haciendo asados… y un poco escondidos. 


Más asado y más gente

Caminamos por el lago, por el río y por el centro casi vacío. No pasaba gran cosa. El miércoles comimos otro asado. A diferencia de los tres primeros, esta vez no lo hice yo. Un amigo de Mario se ofreció a hacer algo diferente y quedó bien: cocinó el cerdo con azúcar, y el resultado me dejó más que satisfecho. Le voy a copiar la receta agridulce.

Después de comer, Mario se tuvo que ir a trabajar. Uno de sus amigos peló merca. Es relato, no apología. 

Otro me dijo:

—¿Por qué no te quedás acá?
—¿Cuánto sale el alquiler de una casa?
—Fuera de temporada unos 200, 250 dólares.

No es caro. Y son caserones. Mansiones de madera con tres o cuatro habitaciones. No es mala. 

Los chilenos me explicaron que hay mucha gente adinerada, que vive en Santiago y compra una casa en Lican Ray para mandar a sus hijos drogones al sur y que no molesten. Entonces es común encontrarse con pibes de treinta y pico de años que no laburan y viven solos en casas enormes de madera, con parques, cinco o seis piezas, tres baños.

Y ahí me cayó la ficha: no es descabellado venirse a vivir de marzo a noviembre y volver a Argentina para pasar las fiestas en tu casa. Incluso pensé en aprovechar para ir a Jesús María en enero y los carnavales en febrero, y después volver. Si son 200 dólares al mes, como dicen ellos, en ocho o nueve meses gastarías 1.800 dólares. En Argentina es imposible conseguir una casa con tres habitaciones por ese dinero.

Eso sí: acá tenés que tener novia. Yo me conozco. Si tuviera una novia acá estaría con ella, a veces con mis amigos, y listo. Solo… bueno, salvo que seas un tarao como yo que anda buscando inspiración, no lo recomendaría. La soledad puede ser mala compañera. 

Para llegar de Córdoba a Lican Ray gasté unos 100 dólares en pasaje. 

Yo viviría acá. Es lindo, tranquilo y está cerca de casa. Mario deja las puertas abiertas a la noche, cuando se va a dormir.

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