Wallmapu y la hipotenusa

Todo esto era Wallmapu. La tierra ancestral mapuche. Muchos lo repiten como un mantra. A mí hay algo que me hace ruido.  Porque no hay ningún gesto material que acompañe ese discurso. Eso es, en castellano simple, desfase entre lo que digo y lo que hago

Si es tierra ancestral mapuche y vos tenés una casa de 200 mil dólares que compraron tus viejos, ¿por qué no la regalás? ¡Dásela a ellos! Que vengan a vivir, que duerman ahí. No vas a hacerlo, ¿no? El discurso es cómodo mientras no toque tu patrimonio, ¿no?.

Si vos decís que todos los forasteros son invasores, ¿por qué te quedás con la casa en la orilla del lago y vivís tan cómodo?

Me sorprende el nivel de hipocresía. Lo que en verdad me molesta es la clase media/alta santiaguina veraneando en territorio “ancestral” mientras moraliza. La gente que se ofende si opinás distinto, pero al mismo tiempo no pone un peso para la “causa mapuche”.

Si de verdad creés que es de ellos, dáselo. Si no se lo das, no me sermonees a mí que estoy de paso.

Yo no digo nada. Mi alma sabe la verdad y es mejor que esté callada.

El lugar igual es hermoso.

Un autodenominado mapuche (cuyos rasgos no parecen de mapuche, pero quién soy yo para juzgar) me contó que no les gustan las lanchas porque hacen ruido en el lago. Y que a veces “se prenden fuego solas”. 

“Combustión espontánea” fue el término que utilizó.

Lo dijo medio que justificando la destrucción de la propiedad privada de otra persona. Yo no lo comparto. Entiendo que los ruidos pueden ser molestos, pero no creo que la destrucción solucione algo.

Repito: mi alma sabe la verdad y es mejor que esté callada.


Playa negra y poca ropa

La arena de la playa es negra. Debe ser por las cenizas volcánicas. El lago estaba furioso el lunes cuando llegué, parecía un mar. Ahora se calmó.

Quisiera ir a pasear solo. El problema es que traje poca ropa. Me tengo que lavar la campera, pasarle un trapo a las zapatillas, cambiarme y salir a dar otra vuelta por la península.


Bongazos de Mario

Mario se da como diez o doce bongazos de marihuana por día. No perdió la costumbre. Yo le dije:

—Loco, te está haciendo mierda. No le das tiempo al cuerpo a recuperarse.

Me agradeció. Tiene cuarenta y pico de años. Es un tipo inteligente, buena persona. Pero a cada rato: pum, bongazo. Pum, bongazo. Y otro. Y otro. Y otro. 

Es mucho. Y sí, lo estoy juzgando. Aunque no debería. Pero es mi amigo y lo quiero. Quiero que viva muchos años. 

Me agradeció el consejo. Después de que se lo dije, fumó menos… dos bongazos menos. Victoria.


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