Queda mucho por andar

Río de Janeiro es un lugar para ir de vacaciones. Entre las cosas que hicimos, lo mejor fue subir caminando al Cristo Redentor a través del Parque Laje. La travesía es maravillosa y hasta nos dimos el gusto de darles bananas a los monos.

Conocimos los Arcos de Lapa y estuvimos de fiesta durante cinco días. Volvería a Río de vacaciones, pero no viviría ahí. La playa de noche nos pareció insegura y percibí cierto ambiente violento por las calles en general.  

Si bien tenía algo de dinero, tampoco era cuestión de tirarlo porque sí. Como ambos teníamos nuestras bolsas de dormir, con Alejandro decidimos comprar una carpa y acampar donde pudiéramos. La idea era cruzar todo Brasil hasta llegar a las Guyanas, conocer esos tres países ubicados en el norte de América del Sur y desde allí ver qué nos depararía el destino. 

Después de adquirir la carpa fuimos hasta la terminal de Río y compramos un pasaje hacia Petrópolis, ciudad emplazada a unos 70 kilómetros al norte de la capital carioca. El colectivo nos sacaría de la zona urbana y ya a partir de allí podríamos hacer dedo con más facilidad. 

Entre que conseguimos la carpa, fuimos hasta la terminal y esperamos el colectivo, se nos hizo tarde. Llovía. La noche estaba al caer, por lo que optamos por pasar la noche ahí. Buscamos un lugar apropiado para armar el campamento, pero no pudimos encontrar ninguno cerca. Como llovía, estuvimos de acuerdo en colocarnos cerca de una estación de servicio. 

Viajar haciendo dedo y acampando puede sonar aventurero y tentador, pero aquello era súper incómodo. Para empezar, la carpa medía 1,80… y yo mido 1,83. La única forma de estar adentro era enroscarme. Al mismo tiempo, la mochila de mi amigo era demasiado grande, pesada e incómoda de guardar. El olor de las zapatillas y la ropa mojada completaban el cuadro.

Esa parte del viaje empezó mal. No dormimos nada. Los camiones pasaban a escasos metros de nosotros, y el ruido de los motores nos mantuvo en vela. Ahora veo lo peligroso y lo absurdo de la situación, pero en ese momento no teníamos nada mejor. Nada puede hacerse en estos casos: solo cerrar los ojos y esperar el amanecer de un nuevo día. 

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