Una amistad con mucho rock
Richard manejaba un camión cisterna rumbo a Belém, y para nosotros fue como ganarnos la lotería: miles de kilómetros sin ruta a pie, sin sol en la nuca. En la cabina sonaban Megadeth, Maiden, Rammstein y Sepultura; la confianza apareció rápido y Richard se volvió un hermano del camino. Hubo risas, comidas de carretera y también señales de que el norte era otro mundo. Al final, lo que quedó no fue el trayecto: fue la amistad.
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