Federico Piccioni Aimar

El autor de este sitio.

Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #18

En Kyiv casi todo estaba cerrado y el silencio se cortaba con cuervos, sirenas y artillería. En Podilsky vi un edificio abierto al aire, como una maqueta rota: casas destripadas, juguetes entre vidrios, vecinos paleando lo que quedaba. Conocí a Babenko, veterano de otras guerras, y entendí que hay lugares donde el mal se queda pegado para siempre. Ese día supe que no iba a volver a ser el mismo.

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Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #17

En Kyiv conseguí un hotel barato con desayuno y, por primera vez desde que llegué a Ucrania, encontré algo parecido a una base: periodistas de todo el mundo, equipos profesionales, sueldos obscenos y personajes inolvidables. Un argentino me regaló chaleco y casco; un salvadoreño me habló de ciudadanía; dos eslovacos rompían la prohibición de alcohol y fumaban marihuana como si estuvieran en una misión. Entre charlas de guerras ajenas y una frase que me quedó clavada —“el periodismo está muerto”— entendí otra cosa: yo estaba solo, improvisando, y en casa la guerra ya empezaba a dejar de importar.

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Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #16

Una noche en la estación de tren de Kyiv: frío, tinieblas y gente tratando de dormir entre valijas. Cuando intento filmar, cuatro soldados me obligan a borrar todo. Al salir, me recibe una ciudad en silencio, cubierta de niebla. Y por primera vez en mi vida escucho una explosión: la guerra deja de ser sirenas y noticias en el celular y se planta delante mío.

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Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #15

Llegué a Kyiv de noche, en pleno toque de queda, escoltado por soldados y sin la acreditación de prensa que me podía salvar o hundir. En el tren conocí a un equipo de argentinos que parecía filmar una película. Yo tenía un celular, miedo y la improvisación como bandera. En la fila de control, con una Kalashnikov a centímetros, entendí que en esta ciudad un papel —o una mirada de más— te puede cambiar la vida.

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Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #14

13 de marzo de 2022. En Lviv las sirenas no me dejaron dormir y la guerra empezó a sentirse demasiado cerca: treinta y cinco muertos en un ataque a las afueras. Entre cansancio, hambre y la sensación de no estar a la altura, apareció un argentino inesperado: Gastón, chaqueño, nieto de ucranianos, viviendo en la ciudad desde 1998. Con él recorrí iglesias, historias familiares y un bar oculto al que se entra con contraseña. Ese respiro me ordenó la cabeza y me dejó una certeza incómoda: Lviv ya me había dado lo que podía. Si quería entender el corazón de la guerra, tenía que ir a Kyiv.

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Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #13

12 de marzo de 2022. En Lviv volvió a sonar la sirena antiaérea y el frío me encontró despierto, con la cabeza llena de preguntas: qué hago acá, para qué vine, sobre qué escribo. Caminé por una ciudad cubierta de grafitis y frases de guerra hasta que elegí un lugar inesperado para entenderlo todo: el cementerio, una de las “atracciones” de la ciudad. Entre tumbas soviéticas, polacas y judías llegué al sector militar: filas de pibes jóvenes, recién enterrados, fotos con uniforme, flores amarillas y azules. Leí una frase que me quedó clavada y pensé en la sangre que reclama cada guerra. Y en la advertencia de un sirio, semanas antes de mi viaje, que volvió como una sentencia: no vale la pena.

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Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #12

11 de marzo de 2022. En Lviv me despertó la sirena antiaérea a las 4:42 y entendí que la guerra podía entrar por las paredes. Salí igual: quería escribir sobre el desabastecimiento, pero terminé encontrándome con Tanya, una chica de trece años que hablaba inglés y cuya mirada me recordó a Ángeles. Hablamos de góndolas vacías, miedo, refugios y familias atendiendo como podían mientras la ciudad se llenaba de gente que huía hacia Polonia. Después recorrí sótanos convertidos en refugios: colchonetas, víveres, juguetes y carteles con instrucciones para sobrevivir si el cielo se rompe. Mandé notas, junté material, hice lo que pude. Lo que no tuve fue a alguien con quien hablar de verdad sobre todo lo que estaba viviendo.

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Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #10

9 de marzo de 2022. En Lviv, una chica de no más de veinte años, con dos trenzas y una Kalashnikov en la espalda, me pidió el pasaporte en la frontera y me dejó pensando en la valentía y en las vidas que tocan por azar. La estación central estaba reventada de refugiados, olor a pis y chivo, fogatas en tambores y cenizas flotando en la neblina. Entre soldados, café caliente y Wi-Fi precario, escribí la nota sentado en el piso mugriento. Al amanecer, el himno ucraniano prometía que los enemigos caerían como rocío. Horas después, una desconocida me abrió la puerta de su casa: agua caliente, calefacción y una cama. Y recién ahí entendí lo que estaba viviendo.

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Viajo y Escribo en Ucrania: diario de guerra #9

En el tren hacia Ucrania, mi chaleco de “PRESS” me abrió una puerta: una pareja ucraniana me escribió “CUENTA LA VERDAD” en Google Traductor y empezamos a hablar como pudimos. En Przemyśl, con -10 °C y la estación desbordada de militares, periodistas y refugiados, una sopa caliente me devolvió el alma. Cerca de medianoche crucé la frontera rumbo a Lviv, entre cantos de “Slava Ukraini”, humo de cigarrillos y varenyky fríos. Afuera marcaba -16 °C. Ahora sí: estaba entrando a la guerra.

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