Una fábrica de italianos
AterricĂ© en Roma y me crucĂ© con un calchinero en el aeropuerto. DĂas despuĂ©s estaba en Calabria, pagando una “fábrica de italianos” para sacar la ciudadanĂa, rodeado de naranjos que me devolvieron a mi infancia. La primera noche casi incendio el departamento por hacer ñoquis en pedo.
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