No robarás
En Costa Rica cruzamos de la selva a un supermercado, de la calle a una mansión con PlayStation, y de la amistad a una línea roja: robarle al tipo que te dio de comer. Ahí entendí que tenía que seguir solo.
En Costa Rica cruzamos de la selva a un supermercado, de la calle a una mansión con PlayStation, y de la amistad a una línea roja: robarle al tipo que te dio de comer. Ahí entendí que tenía que seguir solo.
São Paulo era exceso y vértigo: cincuenta pasteles distintos, funk en la calle y casas superpuestas como capas. En Diadema entendí que la ciudad también puede ser un mundo cerrado: hay gente que nace ahí y no se va nunca.
El mundo en el que vivimos Leer más »