CorazĂłn gitano
A dedo, pueblo por pueblo, un Audi frena en la ruta. El conductor dice ser gitano y tener 23 hijos con 22 mujeres. Esa noche terminamos con llave prestada en Paraná y una venganza de agua helada.
A dedo, pueblo por pueblo, un Audi frena en la ruta. El conductor dice ser gitano y tener 23 hijos con 22 mujeres. Esa noche terminamos con llave prestada en Paraná y una venganza de agua helada.
ViajĂ© con Odirlei rumbo a Brasil haciendo dedo. En Monte Cristo hubo tortas fritas y asado; en San Francisco, siete horas de negativas, frĂo y un perro que no parĂł de ladrar. Cuando ya parecĂa derrota, Couchsurfing nos consiguiĂł una casa. Y entendĂ que la fe de mi compañero —tartamudo y terco— era una forma de coraje.
Mayo de 2017: sigo trabajando en un kiosco mientras todo se me cae encima. En un grupo de mochileros conozco a Odirlei, un brasilero que viaja a dedo y con monedas. Lo invito a CĂłrdoba sin conocerlo. Entra a mi casa y, sin saberlo, entra tambiĂ©n a mi historia: esa visita termina empujándome al segundo viaje y a una reconstrucciĂłn personal que todavĂa no entendĂa.
Un nuevo comienzo Leer más »
Volvà de Brasil y, en una terminal tranquila, me robaron la mochila con mi vida entera. Me quedé con lo puesto. Y decidà recuperar todo.
El dĂa que me robaron el alma (y decidĂ recuperarla) Leer más »
VolvĂ a Argentina y no volvĂ mejor: volvĂ más agrandado, más oscuro, más perdido. TrabajĂ© de mozo y en un kiosco, salĂ mucho, me peleĂ© con mis vicios y con mi propia soberbia de mochilero iluminado. SentĂa que el mundo seguĂa igual y que el que no encajaba era yo. Para explicarlo, rescato un posteo de Facebook escrito en plena resaca: un dĂa miserable, una cabeza rota y una verdad simple que no querĂa mirar.
Empachado de escapismo Leer más »
En la terminal de Santiago vi cĂłmo a un yanqui casi sin español le cobraban más del triple por un pasaje a Mendoza. Me metĂ, lo frenĂ© y ahĂ empezĂł una amistad de unas horas: cerveza Escudo, una pastilla rosa, nieve en Los Libertadores y una frontera helada donde improvisĂ© una historia para que nos dejaran pasar. En Mendoza, antes de perderse en la oscuridad, me dejĂł un fajo de billetes y una frase que todavĂa me pesa.
Pasaportes, pastillas y pasajes Leer más »
VolĂ© de MedellĂn a Santiago para ahorrar dinero y terminĂ© ganando algo mejor: un hogar del otro lado de la cordillera. LleguĂ© con prejuicios, dormĂ en el aeropuerto, me confundĂ el palacio con el metro y caĂ en la casa de Mario, un chileno al que apenas conocĂa. Me iba a quedar dos noches. Me quedĂ© trece. Y ahĂ entendĂ que la amistad tambiĂ©n puede ser patria.
Mi vida en MedellĂn transcurriĂł con cierta estabilidad durante algunos meses, si es que se le puede llamar estabilidad a ser mozo, convivir con los vicios y enamorarse siempre de quien no corresponde. Para Navidad vinieron mi hermano y dos amigos: Lucas y el Ruso. Dejaron unas cuantas noches inolvidables. En una de ellas soñé
Del Ă©xtasis a la agonĂa Leer más »
PulĂ copas, abrĂ mesas, servĂ parrilladas y escuchĂ© al Chaqueño hasta odiarlo y volver a quererlo. Al final entendĂ: lo Ăşnico que te llevás es la gente.
En Malevo yo era el mesero torpe: botellas, copas, un bife en un cliente y un récord absurdo: 28 platos rotos. Humor, vergüenza y oficio.
El mesero al que se le caĂan las cosas Leer más »