Inti Raymi
Entre el Inti Raymi, los free drinks y las noches en Temple y Mama África, Cusco parecía una fiesta interminable. Pero en medio del boliche un tipo me confesó que era sicario, y a la salida una nena de ocho años vendía paragüitas a las tres de la mañana “para que no le peguen en su casa”. Ese contraste fue el verdadero cachetazo de la ciudad.









