Federico Piccioni Aimar

El autor de este sitio.

Salve, Iemanjá

En una isla kuna de Panamá, entre niños que gritan “anaí”, cubanos atrapados en Puerto Obaldía y lanchas que saltan como caballos locos, entendí que mi viaje era un lujo y el de ellos, una huida. Un cubano nos agradeció una bolsa de arroz prometiéndole a Iemanjá que tuviéramos buen viaje. Desde entonces sé que hay cosas que ni la miseria ni las fronteras pueden robar: la sonrisa y la esperanza.

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