Paralelo 44
Pascua en el Piamonte italiano: cinco grados, lluvia y una casa vieja de madera donde escribo, acompañado por el té, los pájaros, una gata interesada y la distancia de Argentina.
Después de Ucrania y de tocar fondo, solo tenía en claro una cosa: había que salir del pozo. Como sea. Esta es la historia de ese intento.
Pascua en el Piamonte italiano: cinco grados, lluvia y una casa vieja de madera donde escribo, acompañado por el té, los pájaros, una gata interesada y la distancia de Argentina.
Conocí a un argentino en Italia que me dio asco. No solo por lo que decía, sino por lo que mostraba: una decadencia que no llega de golpe, sino por goteo. Esa noche entendí que, si no me cuido, yo también podría terminar roncando en un sillón ajeno.
El sillón del futuro Leer más »
Cumplí la promesa como pude: escribí de madrugada, escribí antes de irme a trabajar, escribí con la espalda rota. Mis compañeros volvieron de comprar merca, el jefe gritó por la cocina, y yo seguí lavando platos. Pero llegó un mail de Flink. Por primera vez en días, vi una salida.
Cumpliendo la promesa Leer más »
Prometí escribir todos los días y fallé. Meses después, desde un hostel en Polonia, cuento lo que pasó en Luxemburgo: un restaurante italiano, gritos, merca, horas extra sin pagar, una campana que sonaba cada quince minutos y un despido con trampa. Me fui con cuatro mil euros y la cabeza hecha ruido.
Llegué a Rotterdam con cuatro mil euros, una cama de hostel y un trabajo nuevo. Lo que vino después fue frío, miles de kilómetros en bicicleta y una rutina que terminó vaciándolo todo.
En seis meses repartiendo comida por Rotterdam me caí tres veces de la bicicleta. No me rompí nada, no arruiné ningún pedido y una vez los frutos secos salieron volando hasta Argentina.
Doce botellas de agua de dos litros. Más queso, salame y jabón. Veinticuatro kilos en la espalda, sobre una bicicleta, bajo la lluvia y con viento. Y al final de todo: un viejo en calzoncillos, olor a meada rancia, y una pregunta que me venía haciendo desde hacía tiempo.
Fui feliz por un mes en Rotterdam hasta que volvió Daniella. Y todo se descontroló.
La casa de los diez grados Leer más »
Dos meses conviviendo con un checo y un argentino-chileno. Lo que aprendí sobre la mezquindad.
Una cucharada de azúcar y tres alfajores Leer más »
Ya pasaron más de veinte años, pero todavía tengo en la mente esa imagen de la iguana sangrante, muerta. Su recuerdo me persigue hasta hoy.
Cuando era chico maté a una iguana Leer más »